Historia de la apicultura en Navarra
Como en otros muchos lugares europeos la apicultura estuvo estrechamente ligada durante muchos años al entorno eclesiástico, y así, en el prólogo del libro “Guía del Apicultor” de León Lacasia y Aspurz (párroco de Ustés y apicultor titulado y profesor de la escuela de apicultura de la Excelentísima Diputación Foral y Provincial de Navarra), editado por la Editorial Diocesana en el año 1945 podemos leer una breve reseña de cómo se fundó dicha escuela de apicultura:
Mateo Mugica
El obispo Dr. Mateo Múgica
GureGipuzkoa.net | Don Mateo Mugica
© CC BY-SA : Elósegui Irazusta, Jesús
El ingeniero Daniel Nagore y el sacerdote León Lacasia (1933)
En julio de 1.927, el entonces Obispo de Pamplona, Dr. Mateo Múgica, recorría las montañas de Navarra en Santa Visita Pastoral. Aquellos pueblecitos de fe recia y bien arraigada, como los macizos de sus montañas, contaban con un clero excelente, bien formado y celoso de sus obligaciones. Era frecuente ver a muchos sacerdotes de aquellos pueblos honestamente entretenidos en el cultivo de su pequeña huerta parroquial, lo cual les servía de sano esparcimiento al par que de alivio a su estrechez económica.
En sus correrías llega el señor Obispo, el 17 de julio al pequeño pueblo de Ustés, enclavado en la entrada del Valle Salazar.
Atraen poderosamente la atención del Prelado aquellos variados postres de miel que se le sirven en la cena; indaga su procedencia y se ve gratamente sorprendido al enterarse de que todo se debe a las manos del párroco del lugar, D. León Lacasia. Eran fruto del colmenar que poco a poco, con insuperable constancia, había conseguido montar aquel párroco que no disponía de otros medios que su afición y su entusiasmo por las abejas.
El egregio huésped pide explicaciones del hecho, y D. León informará al detalle de todos sus pormenores y le hará ver que todos los sacerdotes del clero rural, sobre todo los de estos pequeños pueblos de la montaña de Navarra, se hallan en disposición de hacer lo propio.
Aquel mismo día el Obispo nombraba a D. León, a quien nada sirven sus múltiples excusas, profesor de apicultura que desde entonces quedaba incluida en el plan de estudios del Seminario como nueva asignatura.
Lo explica el mismo Obispo en su carta de nombramiento fechada en Pamplona el 28 de febrero de 1.928: “Con el fin de que nuestros amados sacerdotes de pequeñas parroquias puedan dedicarse en los ratos libres al cultivo de colmenas, o lo que es igual a la apicultura, decorosa ocupación para los sacerdotes, reportando además de dicha ocupación alguna ganancia que venga en ayuda de las mezquinas asignaciones, venimos a nombrar y nombramos a Vd. profesor de apicultura de nuestro Seminario Conciliar”.
Comisionado por el mismo Obispo, se traslada D. León a Madrid, donde se asesora ampliamente en la materia bajo la dirección del competentísimo en apicultura, director de “La Colmena”, D. Narciso Liñán y Heredia. Nuestro nuevo catedrático volverá perfectamente especializado y con material abundante y selecto, dispuesto a comenzar con entusiasmo sus nuevas tareas.
La iniciativa, pues, ha partido del Sr. Obispo con vistas a implantar la novedad en el Seminario Diocesano. La Diputación de Navarra no podía quedarse atrás y, en conocimiento ahora del interés del Sr. Obispo, no permitirá que la nueva cátedra sea un gravamen para la diócesis.
Encargado de llevar a cabo todas las gestiones necesarias, el Ingeniero de la misma Diputación, D. Daniel Nagore, con el celo y competencia que le son característicos, a los pocos meses se levantará en la Granja Provincial el nuevo edificio, sencillo, pero práctico, en condiciones pedagógicas inmejorables, dotado de todo el material suficiente: será la Granja Apícola Provincial. De ella es nombrado profesor D. León en el mismo año de 1928.
En ella se darán cursillos gratuitos periódicamente a cuantos de todas las clases sociales, edades, estados y condiciones deseen asistir. Se llega a dar hasta cinco cursillos al año. Nada impedirá la marcha normal de los mismos; los acontecimientos políticos no serán causa de perturbación alguna, y unos y otros irán sucediéndose sin interrupción hasta el día de hoy.
Escuela de Apicultura
Los cursillos de apicultura fueron los primeros que se establecieron en la Granja Agrícola, allá por el año 1927, ya que esta era una actividad industrial rural muy extendida en Navarra y que tenía necesidad de modernización. Los cursillos fueron organizados para campesinos, maestros y maestras, seminaristas, soldados de la guarnición, camineros y guardas forestales, aparte de los cursillos generales para los agricultores aficionados al cuidado y a la explotación de los apiarios.
Además, se introdujo la novedad de facilitar equipo completo de colmenar a los peones camineros cursillistas, y el establecimiento de becas para maestros y maestras, a los cuales se les instalaba gratuitamente el correspondiente coto escolar con dos colmenas y material de explotación necesario. Se pretendía que toda la población escolar navarra, tomase desde sus primeros años afición a esta industria rural.
Entre 1927 y 1943 se impartieron 56 cursillos dirigidos a 921 personas. Además, se implantaron 37 cotos apícolas escolares distribuidos por toda la geografía rural navarra. Todo esto provocó que Navarra apareciese a la cabeza de suscriptores de las revistas profesionales de esta especialidad, y que se viese jalonada por profusión de colmenares movilistas en todo el ámbito de su territorio.
(Información extraída del libro “Servicios agrícolas y pecuarios de Navarra” (1944) de Daniel Nagore)
Abejar en Tafalla
Colmena de ramas tejidas Etxalar
El sector hace 50 años
Desde tiempos muy remotos se conoce la asociación del hombre y la abeja (son de gran importancia las pinturas rupestres halladas en la cueva de Bicorp, Valencia, que atestiguan esta relación). Ya en épocas más actuales sabemos que la miel constituía el único edulcorante conocido, y que además era usado como elemento conservante de alimentos.
Centrándonos en Navarra y avanzando a épocas mucho más recientes, podemos comentar que en la zona norte gran cantidad de caseríos colocaban colmenas en los balcones del desván para asegurarse una pequeña producción de miel para el consumo familiar y para la obtención de cera para la iluminación de la casa o para tratar maderas. En otras zonas de Navarra las colmenas estaban contenidas en construcciones llamadas “abejares”, edificaciones cubiertas a un agua en las que se disponían una serie de vasos alargados, generalmente cilíndricos, que albergaban a las abejas (nasas), cuya parte anterior tenía aberturas al exterior que permitían la salida y entrada de los insectos (piqueras) y en la posterior se abría un pasillo de servicio que posibilitaba el acceso a estos vasos para su trabajo.
En todos los casos la colmena de uso predominante era la “fijista”, concepto que expresa la inmovilidad de sus elementos, de tal modo que cada vez que había que realizar la cata o castra de miel, se retiraba una mitad de los panales, quedando la otra mitad para la siguiente temporada. El daño causado a la colmena era evidente.
En caso de usarse colmenas de tipo “movilista”, cuyos panales pueden moverse sin afectar a la colmena ya que son marcos de madera intercambiables, el modelo predominante era el Layens, colmena llamada de desarrollo horizontal porque cuando el ganado necesita espacio va trabajando nuevos panales situados a los lados de los ya ocupados. Estas colmenas pueden llegar a contener hasta 16 cuadros o panales y se asemejan a un baúl, lo que les confiere unas características muy buenas para realizar trashumancias. Hoy en día todavía hay apicultores que utilizan este modelo.
Las colmenas apenas eran trabajadas y se tenían muy pocos conocimientos técnicos de apicultura, utilizando la recogida de enjambres silvestres como sistema de reposición de bajas o aumento del número de colmenas. A este respecto comentar lo dispuesto en el capítulo II del Reglamento de 15 de agosto de 1943 del Derecho Foral, en cuanto a los enjambres:
Artículo 8º. El dueño de los enjambres podrá perseguirlo en finca rústica ajena a un cercado, con la obligación de pagar al propietario los daños que le irroguen.
Artículo 9ª. Si el dueño del enjambre no hiciere acto de presencia en el fundo ajeno en el primer día de haberse posado en él pierde su derecho sobre el mismo, a no ser que hubiere sido cogido en vaso venturero o se demostrase haber entrado en otro colmenar, en cuyo caso sigue siendo propiedad del dueño del apiario de que aquel salió, si así se comprueba y sin más obligación que devolver otro vaso igual al propietario del venturero o apiario en que el enjambre se cobijó.
Artículo 10. Las colmenas nullius que se hallaren en despoblado o carecieren de dueño conocido, pertenecerán a quien las ocupe siempre que las utilice.
Artículo 12. Bajo multa administrativa de 25 a 125 pesetas queda prohibido poner ventureros o cajas coge enjambres a menor distancia de 1.000 metros de un abejar cualquiera (esta misma prohibición actualizada en 1.963 eleva la cuantía de la multa a 500-1.000 pesetas).
Con estos artículos del Derecho Foral navarro vemos la importancia que llegó a tener la posesión de colmenas, y por ello no era raro ver a personas, fundamentalmente niños, montando guardia en las inmediaciones del colmenar en época de salida de enjambres para avisar de su partida. También es fácil imaginar las disputas que probablemente se originarían por la propiedad de los enjambres.