Noticias de Junio 2019

LA COMBINACIÓN DE PLAGUICIDAS ACORTA LA VIDA DE LAS ABEJAS Y MODIFICA SU COMPORTAMIENTO

La desaparición de diversas especies de abejas en todo el mundo conlleva un inmenso impacto económico pues gran parte de la agricultura depende del trabajo de polinización que realizan estos insectos

Un nuevo estudio realizado por biólogos brasileños sugiere que el efecto de los plaguicidas sobre las abejas puede ser mayor de lo que se imagina. Aun cuando se aplicó un insecticida en dosis que se consideran no letales, el mismo acortó el tiempo de vida de los insectos hasta un 50%. Asimismo, los científicos observaron que una sustancia fungicida considerada inofensiva para las abejas alteró el comportamiento de las obreras dejándolas letárgicas, lo que puede comprometer el funcionamiento de toda la colonia.

Los resultados de esta investigación salieron publicados en la revista Scientific Reports, perteneciente al grupo Nature. El trabajo estuvo coordinado por Elaine Cristina Mathias da Silva Zacarin, docente en la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar) en su campus en la ciudad de la localidad de Sorocaba (en el estado de São Paulo, Brasil). También participaron investigadores de la Universidade Estadual Paulista (Unesp) y de la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz (Esalq) de la Universidad de São Paulo (USP).

La Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de São Paulo FAPESP apoyó la investigación en el marco del Proyecto Temático intitulado “Interacciones abejas-agricultura: perspectivas para la utilización sostenible”, coordinado por el profesor Osmar Malaspina, de la Unesp de Rio Claro. También hubo una financiación proveniente de la Coordinación de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior (Capes), ligada al gobierno federal brasileño, y otra de la Cooperativa de Apicultores de Sorocaba y Zona (Coapis).

Es un hecho conocido que diversas especies de abejas están desapareciendo en todo el mundo. En Europa y Estados Unidos, este fenómeno se ha venido observando desde el año 2000. Y en Brasil, al menos desde 2005.

En el estado de Rio Grande do Sul (en el sur de Brasil), entre diciembre de 2018 y enero de 2019 se registró la pérdida de aproximadamente 5.000 colmenas, el equivalente a 400 millones de abejas.

Y no están desapareciendo únicamente los ejemplares de la especie Apis mellifera, la abeja de origen europeo y la principal responsable de la producción comercial de miel. En los montes brasileños existen centenas de especies silvestres que posiblemente se han visto afectadas. El impacto económico previsto de esto es inmenso, pues gran parte de la agricultura depende del trabajo de polinización que realizan estos insectos. Tal es el caso de todas las frutas comestibles, por ejemplo.

Y ya se sabe también cuál es la causa de esta desaparición repentina y masiva: la aplicación indebida e indiscriminada de plaguicidas. Compuestos químicos tales como insecticidas, fungicidas, herbicidas y acaricidas contaminan a las abejas que salen de las colonias en busca de polen y terminan afectando a todas las colmenas. Una vez dentro de las colonias, tales compuestos son ingeridos por las larvas, lo cual compromete su longevidad y el funcionamiento general de dichas colonias.

“En Brasil, los monocultivos de soja, maíz y caña de azúcar dependen del uso intensivo de insecticidas. La contaminación de las colonias de abejas sucede cuando los agricultores no respetan un margen de seguridad mínimo (se recomiendan 250 metros), por ejemplo, en la aplicación de plaguicidas entre las tierras de cultivo y las áreas forestales que las rodean. Hay gente que aplica productos químicos hasta el límite de los bosques”, dijo Malaspina.

“En Europa y Estados Unidos, las colonias de abejas van muriendo poco a poco. Desde la constatación inicial de la muerte de las primeras abejas hasta la muerte de la colonia puede pasar un mes o hasta cinco meses. En Brasil no es así. Acá las colmenas desaparecen en 24 ó 48 horas. No existe ninguna enfermedad capaz de acabar con una colmena entera en 24 horas. Sólo los insecticidas pueden provocar eso”, dijo.

Malaspina destaca que existen centenas de ingredientes activos en los insecticidas, fungicidas, herbicidas y acaricidas que se aplican en Brasil. “Resulta imposible probar en laboratorio la acción de cada uno de ellos. No hay dinero para hacerlo”, dijo.

Entre los años 2014 y 2017, se llevó a cabo un estudio en el marco del proyecto Colmena Viva (una iniciativa ideada por la Asociación de la Industria de Productos para la Defensa Vegetal) con el objetivo de detectar ingredientes activos que podrían estar relacionados con la mortalidad de las abejas entre los 44 que más se aplican en la agricultura del estado de São Paulo.

El equipo del proyecto recolectó material en 40 municipios paulistas. En el marco de un trabajo junto a los apicultores, los agricultores y la industria de productos fitosanitarios, los investigadores recomendaron una serie de acciones tendentes a proteger los colmenares, tales como la aplicación de márgenes de seguridad mínimos en la aplicación de plaguicidas y la implementación de buenas prácticas agrícolas.

Según los científicos, los efectos beneficiosos del proyecto Colmena Viva pueden estar empezando a aparecer. Durante el mismo período que desaparecieron las 5.000 colonias de abejas en Rio Grandes do Sul, las pérdidas fueron menores en Santa Catarina y Paraná, los otros dos estados que componen la región sur de Brasil. Entre los apicultores de São Paulo, el impacto fue más acotado aún.

“Pero esto no quiere decir que las abejas de São Paulo se encuentran a salvo de los plaguicidas. Lejos de ello. Estamos empezando a testear cuáles son los efectos sobre las abejas melíferas del uso asociado de insecticidas con fungicidas. Y hemos descubierto un determinado tipo de fungicida que es inofensivo para las colmenas cuando se lo aplica en forma aislada en el campo, pero que se vuelve nocivo cuando se lo asocia a un determinado insecticida. No llega a matar a las abejas como los insecticidas, pero altera el comportamiento de los insectos, comprometiendo a la colonia”, dijo Da Silva Zacarin.

Los ingredientes activos investigados fueron la clotianidina, un insecticida que se aplica en el control de plagas en los cultivos de algodón, frijol, maíz y soja, y el fungicida pyraclostrobin, que se aplica en las hojas de la mayoría de los cultivos de granos, frutas, legumbres y vegetales.

“Realizamos ensayos de toxicidad de plaguicidas en larvas de abejas y en concentraciones ambientales relevantes, es decir, en concentraciones realistas, tales como las que se encuentran residualmente en el polen de las flores”, dijo Da Silva Zacarin.

Esta observación es importante. Cualquier plaguicida en grandes concentraciones diezma las colmenas casi inmediatamente. Pero lo que los investigadores estudian son los efectos sutiles y a mediano y largo plazo sobre las colmenas. “Lo que nos interesa es descubrir la acción residual de los plaguicidas, aun en concentraciones bajísimas, sobre esos insectos”, dijo Da Silva Zacarin.

Las pruebas se realizaron in vitro, con insectos confinados dentro de laboratorios para que no hubiera contaminación ambiental. En dichas condiciones, las larvas de Apis mellifera quedaron separadas en distintos grupos y se las alimentó entre el tercero y el sexto día de vida con una dieta compuesta por azúcar y jalea real. Lo que varió fue el tipo de ingrediente tóxico presente en el alimento, siempre en concentraciones ínfimamente pequeñas, en el rango de los nanogramos (milmillonésimas de gramos).

La dieta del grupo de control no contenía plaguicidas. En el segundo grupo, se contaminó el alimento con el insecticida clotianidina. En el tercer grupo, la contaminación se concretó con el fungicida pyraclostrobin. Y en el cuarto grupo se aplicó una asociación del insecticida con el fungicida.

“Después del sexto día de vida, las larvas se convierten en crisálidas y entran en metamorfosis, y de ellas emergen como obreras adultas. En el campo, una abeja obrera vive en promedio 45 días. En el laboratorio, confinadas, viven menos. Pero los insectos alimentados con la dieta contaminada con el insecticida clotianidina en bajísima concentración tuvieron un tiempo de vida drásticamente menor, de hasta un 50%”, dijo Da Silva Zacarin.

En tanto, entre las larvas alimentadas con la dieta contaminada únicamente con el fungicida pyraclostrobin no se observó ningún efecto sobre el tiempo de vida de las obreras.

“Con base únicamente en este resultado, podríamos imaginar que el fungicida en bajas concentraciones es inofensivo para las abejas. Empero, desafortunadamente, no es esto lo que sucede”, dijo la investigadora.

Ninguna abeja murió en la fase de larva y de crisálida. Pero se verificó que, en la fase adulta, las obreras sufrieron una modificación en su comportamiento. Se volvieron más lentas que los insectos del grupo de control.

“Las obreras jóvenes realizan inspecciones diarias de la colmena, lo que las lleva a recorrer una cierta distancia. Se mueven bastante dentro de la colonia. Verificamos que en el caso de las abejas contaminadas tanto por el fungicida solo o asociado al insecticida, la distancia recorrida y la velocidad fueron mucho menores”, dijo Da Silva Zacarin.

En caso de que suceda lo mismo en el medio ambiente con una parte considerable de las obreras de una colmena, dicha alteración de comportamiento terminaría perjudicando el funcionamiento de toda la colonia. Ésta puede ser una de las razones de la extinción masiva de abejas.

Aún no se sabe de qué manera actúa el fungicida para comprometer el comportamiento de las abejas. “Nuestra hipótesis indica que el pyraclostrobin, al asociarse con un insecticida, disminuiría el metabolismo energético de las abejas. Nuevos estudios en marcha podrán dilucidar este mecanismo”, dijo Da Silva Zacarin.